Hay días como estos que no sé muy bien lo que pasa, sigo siendo yo pero no lo soy, soy otro. Siento que aquí dentro somos muchos, cada uno con sus intereses, sus odios, sus esperanzas, pero todos con el mismo nombre y cuerpo. ¿El problema? Que cada uno tiene unas capacidades distintas y es necesario llegar a él para poder utilizarlas. ¿Qué necesito afrontar una situación dura? Pues tenemos a un ser insensible que no se detiene por nada y coge lo que quiere cuando quiere sin importar nada ni nadie. ¿Qué es necesario hablar con alguien para cualquier cosa? Pues tenemos al apaciguador, sosegado y dialogante. Pero hay muchos más: la máquina de razonar que tiene que saber el por qué de cada cosa sin tener en cuenta los sentimientos. El sentimental llorica que se emociona por nada. El gruñón que prefiere estar solo a tener que aguantar a la sociedad. El loco que no deja de decir tonterías como si le fuese la vida en ello. El hiperactivo esquizofrénico cuya velocidad de palabra supera las 200 por minuto. Y, tras un sin fin de ellos, el fundido en negro. Aquel cuya vida consiste en un trance carente de sentidos y sensaciones.
Todos ellos son parte de uno mismo pero distintos entre sí. Alterno entre uno y otro sin más razón que el puro azar, aunque ultimamente me asaltan más frecuentemente aquellos que consideran a los sentimientos una gilipollez más de las que tiene un ser humano. Tan a menudo me pasa que no sé si será verdad. Por lo menos eso dice mi razonamiento: todo sentimiento tiene su base en un comportamiento anterior o posterior. Si estás triste es probable que te haya pasado algo lamentable, aunque esto no quiere decir que sea reciente, o, simplemente, las perspectivas de futuro no son buenas. En cualquier caso, he perdido. Ya no sé quien soy. Tal vez simplemente fui desde el principio una compilación de una serie de sujetos que la madre naturaleza, ante la imposibilidad de encontrar nuevos cuerpos, decidió meter en uno solo o, por el contrario, soy uno de ellos en exclusiva, sin igualdad de caracteres, cada uno toma el mando cuando le corresponde. Pero, entonces, ¿quién está escribiendo?